por / Raul Borge
Un servidor público,
debe conducirse con respeto, diligencia, imparcialidad y rectitud a las
personas con las que tenga relación con motivo de éste; así como observar en la
dirección de sus subalternos o de un ciudadano común las debidas reglas del
trato con respeto y abstenerse de incurrir en agravio, desviación o abuso de
autoridad.
El abuso de autoridad o
prepotencia de algunas personas y en este caso un funcionario público no debe
ser aceptado, debe ser un ejemplo a seguir para todos los ciudadanos incluyendo
las nuevas generaciones para que pueda existir y no desaparezca el respeto y la
vocación de servir.
Qué pena que no
aprendemos a que los servidores del Estado están para servir al pueblo y no para
servirse del pueblo.
Las personas en general
cuando obtienen algún tipo de poder en este caso un funcionario, generalmente imponen su poder o autoridad para obtener un provecho o
beneficio, siendo una característica propia de muchos tiranos y déspotas de
regímenes absolutistas.
Una persona prepotente
es sinónimo de poderoso, dominador,
opresor, superior. El individuo muchas veces es señalado como arrogante y
egocéntrico porque se considera superior
a los otros, centro del mundo, de todos, actuando de manera irrespetuosa
hacia los demás con desprecio y ofensas.
Asimismo, cuando una persona llega a ser
funcionario público y no tiene una vocación de servicio humanitario, casi
siempre se vuelve una persona con poca sensibilidad humana y rara vez se llega
a un acuerdo real con el, ya que por lo general posee ideas
contrarias a los demás individuos, siendo muy difícil llegar a un pacto o integración
de los diferentes puntos de vista con los demás. ¿Es que acaso un portero de
una Institución, negocio o empresa, no es digno de respeto de usted, de mi o de
un funcionario público?.....

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